Pushkar

Pushkar

En el desierto de Rajastán se esconde un lugar de peregrinación muy especial para los hindúes. Pushkar, una población habitualmente tranquila, se convierte con la luna llena de noviembre en un lugar sorprendente, y su lago en lugar sagrado.

Pushkar

 Pushkar, uno de los cinco dhams (lugares sagrados de peregrinaje para los hindúes).

Esta pequeña ciudad de color azul pálido situada en los límites del desierto de Rajastán, es uno de los cinco lugares de peregrinación más importantes para los hindúes. Y una vez al año se convierte en uno de los espectáculos más coloridos y sorprendentes de la India.

Después de viajar con nuestro camión por las peligrosas y saturadas carreteras del norte de la India, el desierto de Rajastán se nos abría en el horizonte como un remanso de paz en el que íbamos a pasar una larga temporada. Nuestro primer destino era la población de Pushkar, un rincón tranquilo y somnoliento protegido por las dunas del desierto, donde la vida transcurre muy despacio. Pero una vez al año, con la luna llena del mes de Kartik (noviembre), la ciudad despierta de su letargo y se transforma en un hervidero de gentes y animales convirtiéndose en uno de los espectáculos más multitudinarios, coloridos y sorprendentes de la India. Es la fiesta del Kartik Poormina, un autentico regalo para los sentidos y el acontecimiento más esperado entre los moradores del desierto. Durante los 12 días que duran las celebraciones, se llegan a reunir más de 500.000 personas y 150.000 camellos. Es la feria de camellos más grande del mundo, el alma de la fiesta.

Según la leyenda y la tradición, Pushkar posee un origen sagrado ya que fue el propio dios Brahma, el creador, quien dejó caer una flor de loto cuando buscaba un lugar idóneo para realizar un sacrificio. De aquella flor caída brotó un manantial, del manantial un lago, y del lago la ciudad santa de Pushkar. La mayor parte de los nómadas que llegan a la feria son de la casta rabari y su origen se lo deben a Parvati, quien, jugando con la arena, creó un animal deformado, con una quinta pata que le salía del estómago. Parvati le pidió a Shiva que le diera vida, pero como no podía caminar bien le tuvo que cortar la pata y se la puso en el lomo creando así la joroba. Más tarde creó al hombre para que lo cuidara y entonces dotó de leche al camello para que alimentara a su amo.

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 En el lago de Pushkar los hindúes se sumergen en el mes de Kartik (oct./nov.)

Nada más llegar a Pushkar, hombres y mujeres se sumergen en sus aguas sagradas para purificar sus almas y alcanzar el nirvana. En los ghats, las escalinatas que descienden al lago, mujeres enjoyadas y ataviadas con llamativos saris convierten sus orillas en una explosión de vida y color. Las mujeres aportan a la fiesta el colorido y la belleza adornando su cuerpo con refinadas joyas de plata; es su dote, su patrimonio y también su banco más seguro. Los hombres también aportan su granito de color cubriendo sus cabezas con largos turbantes naranjas, blancos, azules, rojos o amarillos. Es lo que los distingue de los diferentes clanes y castas como los Nagauri, Haryaavi, Mewati y Kankreg.

Al caer la tarde, justo cuando el sol se oculta por detrás del horizonte, mujeres, niños, comerciantes y ganaderos se acercan al lago para la ceremonia del Aarti. Cada uno deposita en el agua un Deep Dan, lamparitas flotantes fabricadas con hojas y que convierten el lago en un lugar mágico con miles de centelleantes puntitos de luz. Es la idílica estampa de un sitio que bien merece la pena visitar durante la luna llena de noviembre.

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